Irwin Corey: Una leyenda de Humor

Hay personas que en su andar diario dejan huellas en el deporte, la cultura, la ciencia, pero este personaje es una leyenda por su accionar diario donde profesa un profundo humanismo y amor al pueblo de Cuba y a Fidel.

El “simpático y desaliñado anciano”, como lo describió el periódico, es Irwin Corey, una leyenda del humor que carga sobre sus hombros una intensa vida que ya alcanzó los 97 años, (artículo de Cuba debate). Camina auxiliado de un andador, con apariencia de cualquier homeless (sin casa) que sobrevive en la gran ciudad de los rascacielos; sin embargo, no es un mendigo. Nació el 29 de julio de 1914 en Brooklyn en medio de la mayor pobreza, al punto de que sus padres se vieron obligados a colocarlo a él y a sus cinco hermanos en el Asilo de Huérfanos hebreo de Nueva York, donde permaneció hasta los 13 años de edad. Tal vez ese origen marcó para siempre su infinito deseo por hacer el bien y alejar la tristeza. Su carrera comenzó en 1943 en el circuito de Broadway. Desde entonces su nombre se ha ligado al humorismo, la actuación en películas y series de televisión, y además, al activismo político de izquierda. Conocido como Profesor, se le da el crédito de haber inventado un estilo de comedia improvisada, incluso, el desaparecido comediante y crítico estadounidense Lenny Bruce lo definió como “uno de los humoristas más brillantes de todos los tiempos”. Irwin Corey ha tenido el privilegio de trabajar junto a Jackie Gleason (1916-1987), una de las estrellas más populares de los primeros años de la televisión y el laureado director, guionista y actor, Woody Allen. Mientras su impronta quedó en filmes como Stuck on you! (1983), de Michael Herz y Lloyd Kaufman; Car Wash (1976), de Michael Schultz, y How to Commit Marriage (1969) de Norman Panama, entre otros. En la actualidad no tiene una vida de estrechez económica, pero despojado de toda vanidad y por voluntad propia ha dedicado los últimos 17 años de su existencia a vender periódicos a medio precio, leer a cambio de una propina o pedir limosnas en el semáforo de la calle 35 Este. Una actividad que también le espanta la soledad que le dejó con su muerte Fran, la esposa de siempre. Lo que recauda (en ocasiones hasta 250 dólares diarios) lo dedica a un noble fin: comprar medicinas para los niños cubanos con lo cual desafía el bloqueo de más de cinco décadas impuesto por el gobierno de su país contra la isla antillana.

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